La Democracia somos todos
Por Rubén Parra - Actualidad, Pensamiento, Política - 05/01/2013
Las instituciones de las comunidades autónomas se han vuelto caducas, viejas, son un residuo tóxico que estropea la convivencia y daña a la democracia. De puro reivindicar diferencias históricas y hechos diferenciales se han transformado en instituciones lánguidas, cansadas y polvorientas convencidas de que es el designio divino lo que les da su autoridad, su razón de ser; es la historia pretérita y no las leyes quien hace que sus estamentos existan, y han olvidado que se deben a las reglas democráticas establecidas por encima de todo. En vez de mirarse en la Constitución, les place más el reflejo de lo que jamás fueron y se enorgullecen de la falsedad que ven.
Pero el responsable de este retroceso no es otro que el nacionalismo que juega con ellas, un nacionalismo que se ha olvidado que la democracia no son los referendos, sino que son las reglas del juego en las que está incluido, por supuesto, el sufragio universal y toda la legalidad. La democracia es que los que han sido elegidos para gobernar protejan a los que no los han elegido, y que los que no los han elegido aceptan a los que gobiernan. Sin este respeto mutuo la democracia no es sostenible, sin ese pacto se hiere de muerte a la democracia. Ese es el juego peligroso de los nacionalistas, no aceptar lo que dicen las urnas, o aceptar las urnas de un sitio sí y las de este no.
Oímos a diario decir a los de un lado y a los del otro que España se rompe. Pues no, no es España lo que se rompe, es la democracia la que está en peligro; la democracia, sus leyes y por ende la libertad de los ciudadanos españoles, ya que no hay democracia que aguante que una parte de sus líderes e instituciones jueguen al desacato, que no acepten el resultado de las urnas y que por ello amenacen con independencias y referendos ilegales; no aceptan a los que gobiernan ni respetan la legalidad vigente.
La falta de sentido democrático de la que hacen gala en estos momentos pone en duda si a los nacionalistas les gustó alguna vez la democracia o si la han soportado como «un mal menor».
El resultado final de estas tentativas de acabar con la democracia es incierto, pero lo que ya notamos es la falta de ilusión y el mareo de tanto vaivén estéril y reaccionario. Y como ya empieza a ser insoportable tanta tensión hay que dar el testigo a la Democracia, utilizarla en su defensa y que los grandes partidos se unan para preguntar a los ciudadanos si quieren que el Estado recupere las competencias que nunca debieron ser cedidas a las comunidades como educación o sanidad. Y utilizar todos los instrumentos democráticos que sean necesarios para detener a los líderes e instituciones que atentan contra la libertad y soberanía de los ciudadanos españoles, ya que no nos podemos permitir que la democracia descarrile, porque la democracia somos todos.
Los principios de la propaganda catalanista.
Por Rubén Parra - Actualidad, Política - 14/10/2012
Habrá alguna mente cándida que piense que el nacionalismo no tiene una estrategia planificada de manipulación, o que es el devenir de los acontecimientos lo que hace que año tras año haya más independentistas en Cataluña. La realidad es que se está utilizando de forma descarada el ideario propagandístico del ministro nazi Joseph Goebbels.
Veamos los principios que aplicaban los nazis y como el nacionalismo catalán los imita:
-Principio de simplificación y del enemigo único.
Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.
Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
Para el catalanismo el enemigo es España. No es el PP, PSOE, UPyD o IU, no distingue entre españoles que odian a los catalanes, entre españoles que simpatizan con los catalanes o entre nacionalistas gallegos, vascos, andaluces o falangistas. El enemigo es único e indivisible: España.
-Principio de la transposición.
Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan.
Los trajes de Camps, el caso Andratx, los ERE andaluces; para el nacionalismo los políticos españoles son unos ladrones. El caso Palau, el caso Pretoria, no son nada en comparación con los robos de los españoles. Y si se forma jaleo por la imputación en el caso de las ITV del hijo del inventor del nacionalismo catalán, Oriol Pujol se hace una manifestación el 11 de septiembre que acalle cualquier crítica, por ejemplo.
-Principio de la exageración y desfiguración.
Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
Aquí hay cientos de ejemplos: el Rey, casi todos los ministros españoles de la democracia, todos los presidentes del Gobierno, presidentes de otras autonomías e incluso el jugador de fútbol Sergio Ramos y presidentes de clubes de fútbol. Cualquier salida de tono, cualquier comentario inocente o jocoso sobre el catalanismo, sobre alguno de sus símbolos o sobre alguno de sus dirigentes se toma y se vende como un agravio, un ataque en toda regla al conjunto de los catalanes.
-Principio de la vulgarización.
Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.
Esta es evidente: «España nos roba». Simple, sencilla y eficaz. ¿A quién le gusta que le roben?
-Principio de orquestación.
La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad”.
Los españoles nos odian, no trabajan, nos roban… Cualquier diario de la prensa del régimen tuvo ayer, tiene hoy y tendrá mañana alguna noticia relacionada con esto.
-Principio de renovación.
Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
Hoy es el «derecho a decidir», hace unos días fueron los peajes de las autopistas; Hoy es el ministro Wert con lo de «españolizar a los niños catalanes» y hace unos días la carta en Internet del Rey. Renovación constante de las mismas ideas con diferentes escenarios y protagonistas.
-Principio de la verosimilitud.
Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sonda o de informaciones fragmentarias.
Aquí entra en juego el grueso del aparato. Desde las pseudo-embajadas creando noticias falsas o favorables a la causa en diarios extranjeros hasta la manipulación de estadísticas y datos económicos. Todo vale para que el engaño parezca lo más real posible.
-Principio de la silenciación.
Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
Ocurrió cuando se creó el partido Ciutadans, le ocurre a UPyD y ocurrió con la pasada manifestación del 12 de octubre en la plaza de Cataluña: el silencio. Cualquier iniciativa que sea contraria al nacionalismo es ninguneada y silenciada, mientras se puede. Cuando no, los medios de comunicación afines lanzan ataques sistemáticos tergiversando lo que sea necesario.
-Principio de la transfusión.
Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
En el nacionalismo catalán los sentimientos son la carta favorita de la propaganda. «La emigración acabará con el catalán», «no nos dejan amar a Cataluña», «España quiere acabar con nuestra lengua, tradiciones…» etc.
Principio de la unanimidad.
Llegar a convencer a mucha gente de que piensa “como todo el mundo”, creando una falsa impresión de unanimidad.
Da igual todo lo escrito en este post, la mayoría de los catalanes queremos la independencia y dormimos arropados por la estelada. ¿O no?
Manipula que algo queda
Por Rubén Parra - Actualidad - 15/09/2012
He aquí la prueba de la manipulación sobre la supuesta imagen satélite de la manifestación independentista del pasado 11 de septiembre.
Primero un pantallazo de Google Maps, y a continuación la imagen manipulada:
La ley de normalización lingüística en Cataluña
Por Rubén Parra - Política - 30/08/2012
Hay gente que o no entiende o no quiere entender y niegan la máxima sobre la dichosa ley.
Pues aquí la tienen, por si les place tapar un par de bocas:
Asín está el patio
Por Rubén Parra - Actualidad - 29/05/2012
Vaya semanita. Los gibraltareños dando por saco a los pescadores de La Línea, los medios dando publicidad a cuatro fanáticos que añoran los tiempos del piojo verde manifestándose por las calles de Madrid, y los zoquetes nacionalistas haciendo lo único que saben hacer; rebuznar contra los símbolos constitucionales, contra los símbolos de la Constitución que les permite rebuznar. Por lo demás, he andado liado esta semana, por lo que no estoy al día de los casos de corrupción, pero sin duda algún chorizo de la casta política habrá sido protagonista de algún titular.
Lo de Gibraltar tiene guasa, ya que las redes sociales han sido un hervidero de enfrentamientos entre los que tienen claro que los de la roca son unos sinvergüenzas que dicen con marcado acento andaluz que son británicos -cuando se ve a leguas que además de caraduras, son españoles de tomo y lomo-, y los que o bien defienden que los llanitos tienen derecho a decidir si continúan siendo un paraíso fiscal y refugio de traficantes o pasan a ser un cacho de piedra española -que al fin y al cabo es lo que son-, y los que opinan que todo este asunto es una maniobra de distracción del Gobierno -como si lo tocante al peñón fuese un invento del PP- y que el pobre Fabian Picardo es una víctima de Rajoy.
Luego está lo de los fanáticos falangistas y afines, que estoy seguro que en su fuero interno creen firmemente hacer un favor a España sacando a relucir por las calles su patriotismo casposo, y que no son conscientes de que muchos españoles orgullos de serlo, aborrecen de ellos y de sus ideales.
El caso es que los citados «patriotas» han salido a la calle porque los energúmenos futboleros vascos y catalanes habían soltado que iban a liar la de San Quintín en una disputa deportiva, no entre ellos como viene siendo habitual, sino unidos contra el himno nacional y don Felipe, y contra todo lo que les oliera a español -cuando en realidad no hay nada más español que ir contra España, por desgracia-. Dicho y hecho, no llegó la sangre al río pero el ruido ha llegado hasta quien esto escribe, y eso que el fútbol me interesa tanto como el estado de salud del brazo incorrupto de Santa Teresa.
Y en todo esto me pregunto, ¿en que posición estamos los españoles «normales» -por llamarnos de alguna forma-, los españoles que pensamos que los gibraltareños son unos listillos tocapelotas, que los «patriotas» de la manifestación de marras sólo se representan a ellos mismos, y que los garrulos nacionalistas podrían meterse sus silbidos por donde la espalda pierde su casto nombre? Porque me da a mi que la mayoría de los españoles, los que vamos a la oficina, a la fábrica o a la cola del paro todas las mañanas, los que no estamos por tanta majadería de psiquiatra, no tenemos voz, no se nos escucha, o bien no se nos considera españoles -vamos, que al final será cierto que los únicos españoles son los etarras, los falangistas, los llanitos y los amigos de las arcas públicas-.
Pues eso, que vaya semanita, o como diría un compañero de la mili, asín está el patio.. y yo con estos pelos.




