Lectura recomendada


La Isla del Tesoro

No hay nada que más ensanche el ego que alguien te solicite recomendaciones de libros. Eso me ha pasado ésta mañana y estoy que no quepo en mi cuerpo ancho ya de por si. Que además esto suceda en la España zafia, sucia e inculta que nos ha tocado vivir -a pesar de la universalización de la enseñanza y la Wikipedia- es algo que endulza la parte emotiva de cualquiera.

A parte del ego personal, cosa excelsa en un escritor, lo mejor de estas situaciones es el evocar recuerdos de lecturas pasadas que marcaron épocas propias que pudieron ser buenas o malas, pero que la literatura se encargó de plasmar en la mente como un tiempo de bonanza espiritual.

Mi hermana Elisabet, culpable de que hoy haya recordado aquellas lecturas, es una persona culta y erudita en el tema, lo cual ha ensanchado más si cabe el ego descrito con anterioridad. Me ha preguntado por libros de escritores estadounidenses, a lo que le he recomendado de la Generación maldita, Pulp, Cartero y Música de cañerías de Bukowski, y Yonki de William Burroughs. Siguiendo con la nacionalidad, no podía dejar pasar el clásico La Isla del tesoro y su botella de ron, obra maestra del entretenimiento novelístico. Hemos continuado con la literatura del País -de España, no piensen mal-, específicamente de la Generación del 98: El arbol de la ciencia de Pio Baroja y Luces de Bohemia de Valle Inclán. “Algo más histórico y entretenido” me ha dicho: Benito Pérez Galdós, por supuesto, cualquiera de sus obras.

Por el momento ha quedado satisfecha a la espera de concluir algunas de estas lecturas y con la promesa de volver a rellenar mi ego en un futuro cercano. Según su crítica a mis recomendaciones veremos si amplío esta entrada con otros recuerdos literarios que marcaron épocas de mi vida.

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